Nuevo Género “Psicologia” Inteligencia Emocional.
Siiiiiii, ya estoy aquí, después de tantas semanas, he vuelto y he vuelto con algo nuevo.
Hoy quiero hablaros de un libro Nuevo.
Brújulas para
Navegantes Emocionales de Elsa Punset “Reflexivo”
Soy la primera en reconocer que leer un libro de Psicología
no es fácil. No es como una novela, que te cuenta una historia, sino más bien
como si estuvieras hablando con alguien.
Claro está al ser como una conversación o más bien como una
clase instructiva, por lo general es fácil distraerse y dejar de prestar
atención
Pero lo bueno que tiene es que hay muchos conceptos que se van repitiendo a lo
largo del libro, por lo que siempre vas a seguir el hilo.
Bueno a lo que iba. Que yo he venido aquí a hablar de este
libro jaja.
Es un libro sensacional, se enfoca en mayor medida en los
hijos, en la crianza y educación, pero todos podemos sacar partido de ello.
Para los que el término de Inteligencia Emocional, os suene
un poco a chino, os explicare:
La inteligencia
emocional se define como el conjunto de habilidades psicológicas que
permiten apreciar y expresar de manera equilibrada nuestras propias emociones,
entender las de los demás, y utilizar esta información para guiar nuestra forma
de pensar y nuestro comportamiento.
En el habla del papel que juega la Inteligencia Emocional en
la educación de los hijos y como esas capacidades o aptitudes que se van
desarrollando con esa inteligencia, conformaran unos adultos muy fuertes
emocionalmente.
“La educación
emocionalmente inteligente enseña al niño a tolerar la frustración y a comprender y aceptar que los demás también
tienen necesidades y derechos.”
A lo largo del libro, vamos viendo una evolución de esos sentimientos.
Como nos enfrentamos a los sentimientos negativos, que no siempre tienen que ser algo malo.
Y cito textualmente una frase del libro que lo explica a las
mil maravillas:
“Las emociones
negativas, en concreto, son fundamentales para ayudarnos a sobrevivir en un
mundo amenazante o potencialmente peligroso. El miedo permite huir o mantenerse
inmóvil ante determinados peligros. La ira nos da fuerzas para reaccionar y
defender nuestro entorno y a nuestros seres queridos. La tristeza es una
brújula muy útil: fomenta la introspección, que nos permite detectar cuando
algo va mal para intentar remediarlo.
En este sentido las
emociones negativas también cumplen una función positiva en nuestras vidas si
aprendemos a descifrarlas.”
Pero no os valláis a pensar que solo las emociones negativas
tienen un papel importante en nuestras vidas. Las emociones positivas están más presentes aún.
Y otra vez cito textualmente del libro, porque ella es la
experta, y sabe mejor del tema que yo, y porque me encanta como lo hace:
“Una de las
paradojas más curiosas y cargadas de significado de las emociones positivas es
que para sentirlas
hay que recrearse en ellas de manera deliberada. Así como las emociones y las
experiencias negativas
se graban a sangre y fuego en nuestro inconsciente para avisarnos y protegernos
de forma automática
de los eventos potencialmente peligrosos, no solemos prestar demasiada atención
al procesamiento de
las emociones positivas porque señalan simplemente que para nosotros «todo va
bien».
Disfrutar de
manera consciente de las emociones positivas requiere tomar el tiempo y poner
la atención necesaria
para saborearlas.
La felicidad
requiere un esfuerzo consciente y
continuado. La parte positiva de esta paradoja es que podemos aprender conscientemente a ser más felices.
Cuando hablamos
de las emociones positivas, no hablamos sólo de felicidad sino de los diversos
sentimientos positivos que experimentamos en
torno a este sentimiento: la alegría, la exuberancia, el
humor y la risa, el optimismo... incluso la
curiosidad, que fomenta la supervivencia en un ambiente
extraño, forma parte del repertorio de las
emociones positivas.
Tal y como
ocurre con las emociones negativas, las emociones positivas llaman la atención
del individuo para
que éste se fije y aprenda. Nos ayudan a evaluar y a decidir.
También habla del
Amor
Nos habla de cómo ese amor “nos permite escapar de la prisión de nuestras mentes y tender un
puente entre dos personas, sin palabras. Un milagro frágil y efímero. Cuando ocurre la mirada y el roce
de la piel resultan mucho más elocuentes que las formas admitidas de relacionarnos socialmente.
Y nos cuenta una historia preciosa de una chica: Magdalena.
Ella dice:
Nos conocimos el 28 de diciembre del año pasado. Yo estaba sentada en
el comedor de casa, absorta corrigiendo las pruebas de un libro.
Llegaste de improviso y nos saludamos. Dicen que sólo un 10 por
ciento de la población experimenta el flechazo. Nos pasó a nosotros. Te
sentaste a mi lado y aunque yo sólo hablaba con tu compañero, de vez en cuando te miraba. Me inundaba la luz de tus ojos. En mi
cabeza empezó a bailar una frase que acallaba el ruido de nuestras
palabras: «Si alargo la mano, le toco el alma». Fue un momento muy
hermoso. Duró apenas algunos minutos, pero se ha instalado en mi
memoria como algo juera del tiempo, misterioso. Allí se ha
congelado tu mirada sobre mí. La rescato cuando la necesito. Me da vida, me da amor. Me ayuda a estar sin ti, porque a pesar de la
lejanía tú sigues allí, con el alma y el corazón abiertos de par en par para
que yo pueda perderme en ellos.
No
supe si al final Magdalena salió con ese chico o no, pero fue una historia muy
bonita.
No se
si a vosotros os a pasado alguna vez…Si es así, me encantara leer vuestros comentarios.
Las etiquetas y
prejuicios.
Tendemos a etiquetar lo que nos rodea. Si algo nos parece
agradable, sentimos apego; si nos parece desagradable, desarrollamos
sentimientos de aversión como la ira o el
odio; si nos
parece
neutro lo ignoraremos.
Cuando etiquetamos algo
como agradable o
desagradable nos cuesta mucho cambiar de opinión. Trasferimos entonces la
calidad de «bueno» o «malo»
al objeto o a la persona como si lo fuesen intrínsecamente.
En general las etiquetas son un acto subjetivo, una opinión de nuestra mente basada sobre
una reacción casi automática.
El problema surge si de verdad llegamos a creer que la realidad que nos rodea en función de
estas reacciones semiconscientes es inamovible. Si nos habituamos al etiquetaje y no lo
cuestionamos jamás, reforzamos los prejuicios y las opiniones subjetivas, abonando el terreno para el
prejuicio, la desesperanza o el odio irracional.
Un cuento budista
ilustra los peligros del etiquetaje y del prejuicio: «Un joven viudo, que amaba profundamente
a su hijo de 5 años, estaba de viaje cuando unos bandidos quemaron su pueblo y
raptaron a su hijo. Cuando el viudo regresó,
contempló las ruinas del pueblo y sintió pánico. Vio un cuerpo calcinado y pensó que era de su hijo. Lloró de forma
inconsolable. Organizó la cremación del cuerpo, recogió
las cenizas y las puso en una bolsa de tela que llevaba siempre consigo.
»Al poco tiempo, su hijo
consiguió escapar de los bandidos y regresó al pueblo. Llegó a la nueva casa
de su padre y llamó a la puerta. El padre seguía desconsolado. "¿Quién
es?" preguntó. El niño contestó:
"¡Soy yo, papá, abre la puerta!". Pero el padre desesperado,
convencido de que su hijo había muerto, pensó
que el niño se burlaba de él. Gritó: "¡Vete!" y siguió llorando.
Finalmente, el hijo se marchó y nunca volvió a
ver a su padre.
»Dijo el Buddha:
"En algún momento, en algún lugar, crees que algo es verdad y te agarras a
ello de tal manera que aunque la propia verdad venga a llamar a tu
puerta, no le abrirás"».
A mí me ha venido muy bien, ya que me ha hecho reflexionar en mis
propias etiquetas.
Y la verdad es que hay algunas de ellas que no puedo cambiar, ya
que algunas me resultan tediosas, otras me producen miedos…, pero me he dado
cuenta, que son cosas que tengo que hacer si o si en mi día a día, por lo que
modificar esa etiqueta puede hacer que mi vida sea mas sencilla y llevadera.
Una cosa es la teoría y otra la práctica jaja. Sé que me llevara
un tiempo, pero espero lograrlo.
“La expresión de
nuestro afecto y apoyo a los demás cuesta muy poco y puede tener una
repercusión enorme en la vida de las personas.”
Espero vuestros comentarios, o por lo menos vuestras visitas, que también me encantan : )





Un análisis muy bueno y muy exhaustivo. Las emociones son parte de nuestro ser, pero no podemos darles rienda suelta como muy bien dices. Hay que saber explotarlas, y si se puede, disfrutarlas. Muy importante además el tener en cuenta a los demás y no sentirnos el ombligo del mundo. Y mas aun el sobrellevar la frustración desde pequeños. Un adulto que no sabe soportarla es insufrible.
ResponderEliminarCuriosamente de vez en cuando hago un pequeño ejercicio: reviso si las cosas que no me gustan me siguen disgustando o no. A veces descubro que no hay ninguna razón para que no me gusten. Otras me da igual, y en otras me reafirmo (como el reagetton o las coles).
Se nota que te has leído el libro y que te ha gustado. Una entrada muy diligente.
Y para terminar, ya que pides que comentemos sobre eso, alla va mi experiencia. No se si fue un flechazo o no, pero a Saray solo la vi un par de horas en el cine y desde entonces no pude quitármela de la cabeza :-D
Oooo que bonito. Como siempre te agradezco tu comentario. Y lo del libro jaja como veía que no llegaba al plazo de una semana para publicar, tuve que leerme los seis últimos capítulos en la oficina, en un hora aproximadamente, jajja, mientras escribia la entrada jajaa, fue un poco agobiante. Pero me sorprendi a mi misma.
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